Llegas como el silencio
y vicios de la madrugada:
a borbotones,
de mil pensamientos inesperados.
Reencarnado en dudas eternas
cuestiones personalísimas,
como lo que prefieres tener
en el bolsillo derecho de tú
North Face.
De camino a ningún lado o
de regreso a casa,
cualquiera que nos ve:
somos el peligro.
Le mentiría a Dios si le digo
que no estoy entero para ti,
las primeras horas en Sagitario
entre los Álamos. Que estoy
en la mandíbula de Cujo
!sin otra opción!
cuando te acaricio
y la calle advierte su licorería
de la esquina,
el éxodo latinoamericano
nuestra ciudad monstruosa.
Mich, x
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