Tu nombre siguió ardiendo,
retumbando:
añoranzas que no se rinden.
Surcando sueños
de grandeza y opio,
de la playa a la alameda.
Embeodado
de nosotros,
solamente.
tu cicatriz,
que más se nota:
es un caminito de perlas,
tupida
de pelo y llanto.
Reconozco:
estoy en mi cabeza,
ya no estoy en el mundo.
Mich, Llerena.
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